Naturaleza y Subjetividad Armónica

Reordenamiento entre el hombre, formas de producción y medio ambiente.

Ante la pregunta ¿porqué debemos cuidar del medio ambiente? Las respuestas comunes son múltiples. Se espera del sentido común un conocimiento (incluso técnico) acerca del daño sostenido en el tiempo que han causado los modelos industriales a la naturaleza. Pero esta
obviedad que nos indica que la contaminación es mala, que el ozono está debilitado, que la calidad del aire nos enferma, no genera cambios sostenibles en la conducta de las personas.

Los grupo interesados en temas ambientales tienden a situar la pregunta en “cómo empoderar a la sociedad” para motivar el cuidado medio ambiental y la transición energética. Hay un elemento que en mi opinión debemos añadir a este cuestionamiento: El tipo de sociedad en el que se insertan nuestra subjetividad contiene desde sus orígenes aspectos agresivos hacia la
naturaleza.

A lo largo de la historia hemos visto como la sociedad moderna, con su modelo tradicional de sujeto y de familia (nuclear, monogámica y patriarcal) los cuales se constituyen el uno al otro, ha mostrado a través de la historia una enorme capacidad de agresión identificable en al menos tres formas generales: la destrucción de la naturaleza (destrucción oculta en el concepto de
transformación de la naturaleza para posibilitar la vida humana), sublimación en forma artística o científica (cercanas a sublimación con características represivas), y en tercer lugar, su manifestación más brutal contra el “enemigo exterior” y/o las minorías al interior de cada sociedad.

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El sujeto moderno y la familia tradicional se encuentran en crisis desde hace décadas, y actualmente vemos los retoños de esa crisis en la forma de familias y sujetos muy distintos de los tradicionales, pero que siguen bajo su sombra.

En este contexto de crisis la agresividad contra la naturaleza está en cuestionamiento. No existe un rechazo unánime, pero las evidencias climáticas siembran dudas incluso en los más escépticos. Aún existe agresividad en las formas delictuales, al interior de la familia y en los
lugares de socialización como escuelas y lugares de trabajo. Esa violencia junto con las prácticas de consumo vinculadas al endeudamiento nos da luces de subjetividades empobrecidas e intervenidas (note como los estratos socioeconómicos bajos tienden a ser consumidores de
“grandes marcas” a través del endeudamiento).

Promover un cese de la violencia contra la naturaleza implica inexcusablemente velar por condiciones sociales que promuevan una subjetividad armónica con el medio, distinta a la
máquina productiva actual, distinta a los intentos de concientización aislada de otras variables sociales, y distinta a las comunidades ecológicas “protegidas” por un sistema que no dudará en
“desprotegerlas” cuando los recursos naturales sean escasos.

Requerimos de la construcción de una otra subjetividad enmarcada en un otro modelo de producción subjetivo que permita superar este tiempo de reordenamiento entre el hombre, las formas de producción y la naturaleza que se han visto acelerados por los avances tecnológicos.

Juan Francisco Zapata Zavala.
Psicólogo y Psicoanalista.
Universidad París VIII

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